Soy un Mix!

LIFESTYLE BLOG

Una suma de muchos “menos mal”.

Que raro se siente volver al blog.
Años pasaron desde la última publicación. Esto es como volver al primer amor... Pensar que con este blog empezó Soyunmix!!!

Volví porque me pareció la mejor manera de contar la historia entera. Porque me lo piden a diario, porque quiero que quede guardado para siempre y cuando la vida se ponga complicada, volver a leerlo y recordar que hemos pasado por situaciones duras y difíciles y que las hemos superado.
Y porque creo que nuestra experiencia le puede servir a alguien que me lea. No porque le vaya a pasar lo mismo a uno de sus hijos (esto es el típico 1 en 1.000.000) sino porque la experiencia en sí fue un aprendizaje.

A continuación les copio lo que en gran parte escribí desde el hospital en Niza, un día que necesitaba desahogarme y repasar todos los hechos. Al resto lo escribí ya en casa.

Aclaro: esta es una versión editada para el blog. Saqué detalles que no son necesarios y prefiero guardar para mí y lo modifiqué para que sea más amena la lectura para ustedes.



Una suma de muchos “menos mal”.



“Aprovechá todas las cosas que tenés porque un dia se pueden ir” Sofi, 11 años. (Sofi dijo esto refiriéndose a cosas tan banales como tomar una ducha, jugar un partido de basket, caminar sola e ir al cole).



Si bien esta pesadilla no terminó, siento que puedo respirar.

Hoy se cumple una semana del comienzo de este evento tan terrorífico. En 4 días vamos a poder volver a casa.



Unas horas antes de salir de vacaciones, Sofi me mostró que tenía un dedo del pie hinchado. Asumimos que se debía a un golpe que había tenido unos días atrás, cuando se le cayó un cuchillo mientras vaciaba el lavavajillas. No le dimos mucha importancia. No dolía y era apenas un dedo hinchado. Nunca imaginamos que terminaría como terminó.


Manejamos 120km hasta el lugar donde alquilaríamos la camper van para nuestro viaje que duraría una semana. El plan era recorrer un poco los Alpes y luego ir hacia el lago Como en Italia.


A medida que el día pasaba, el dolor de Sofi fue aumentando de a poquito. Me acuerdo que tan convencidos estábamos que era un golpe en el dedo, que Esteban le insistía en que camine apoyando el pie para evitar que después le doliera la otra pierna. Para la tarde, empezó a renguear y a quejarse bastante del dolor. Para ese entonces, pensábamos que en vez de solo un golpe, se pudo haber fisurado o quebrado el dedo.


Esa primera noche dormí en la misma cama con Sofi y tuvo unas líneas de fiebre. Ese fue el primer “menos mal”. Menos mal que tenía termómetro! Casi casi que me olvido y no lo llevo al viaje. Esa noche fue difícil, el dolor seguía creciendo y se le había hinchado también el dedo de al lado. 


Estábamos, literalmente, estacionados en el medio de los Alpes, en un lugar un tanto remoto.


A la mañana siguiente, decidimos continuar viaje hacia Barcelonette, previo a googlear que hubiera un hospital. Al llegar, nos encontramos con la grata sorpresa de que no había hospital alguno. Llamamos al 15 (urgencias médicas) y nos dijeron de ir a un médico del pueblo a las 18hs. Para ese entonces, Sofi ya no podía caminar, no podía levantarse de la cama y la inflamación había crecido hasta la mitad del pie. 

Entre la llamada a las emergencias médicas y las 18hs, se me ocurrió que podíamos llamar al gran ángel guardián de esta historia. (Este creo que es el más importante de los “menos mal”).

Agustín, primo hermano de Esteban. Agustín es traumatólogo y hace poco vive y ejerce como cirujano en España (clave estar en el mismo huso horario). Esteban lo llamó y éste le dijo que eso no era un dedo roto, que era algo más grave. Yo tenía antibióticos en el botiquín que llevo a todos lados, y le dimos una dosis mientras se hacía la hora de ir al médico.


Para ese entonces, seguíamos pensando que no era nada grave. Ese día me falló el instinto. 

JAMÁS DE LOS JAMASES SE ME OCURRIÓ QUE ALGO ASÍ PODRÍA SER VITAL.

Es más, me acuerdo que mientras se hacía la hora, Esteban y Sofi se quedaron durmiendo en la camper y me fui con Isi a reservar una bota ortopédica en la farmacia. También fui a una panadería a reservar una torta que dijera “Feliz cumple Agus” y por último, fui comprar globos para festejar el cumple número 14 de Agus que era al día siguiente... Eso demuestra que estaba segura que con un remedio y reposo se solucionaría.

También llevé a Isi a comprar una creppe de nutella y le compramos una a Sofi.


En ese momento ya se había hecho la hora de ir al médico. 500 metros separaban la camper van del consultorio médico. Esteban me contó que tuvo que llevar a Sofi en brazos puesto que ya no podía ni caminar ni saltar en un pie. Todo evolucionaba muy rápido.


Acá es donde entra en acción otro de los ángeles que hicieron que Sofi esté en este mismísimo momento, haciendo videollamada con una amiga y hablando pavadas de adolescente: el médico del pueblo. (imaginen una escena de película, el consultorio médico de un pueblo remoto y van a poder imaginar a la perfección lo que era el lugar).


Yo no pude entrar al consultorio porque estaba con Isi (y su crepe de Nutella). Esperamos hasta que Esteban abrió la puerta para comunicarnos la feliz noticia.


Este médico, a quien le vamos a estar gradecidos toda la vida, dijo que teníamos que irnos directo al hospital, que Sofi tenia una infección grave y que necesitaba antibióticos intravenosos con suma urgencia. Lo que no sabíamos en ese entonces, es que ese diagnóstico no era para nada evidente de hacer y que si se hubiera equivocado ese médico, el desenlace hubiera sido muy distinto. Tampoco sabíamos que cualquier otro médico pudo habernos indicado antibióticos normales y mandarnos a casa (rodante en este caso). Le hubiéramos creído y seguido nuestro viaje.


En ese momento, cuando el médico nos dice que tenemos que ir a las urgencias, pensé: Entre hacer una hora y media a Gap (una ciudad chiquitita) y hacer 3 horas a Niza, donde está el hospital de niños, que es a su vez un hospital universitario, prefería hacer un poco más de ruta e ir a Niza. Lo consultamos en ese momento con el médico y nos dio su OK. Chequemos el camino con el médico (que conocía muy bien la zona) y nos indicó cuál hacer. Como no nevaba, no había peligro alguno.


Esteban salió del consultorio a buscar la camper y con Sofi e isi, esperamos en la puerta. En ese momento, Agus estaba con nuestros amigos paseando por la ciudad. Supuestamente nos juntábamos en la plaza central después del médico. Pues no. Lo llamé para que viniera para donde estábamos. 


Un dato de color es que mientras esperábamos a Esteban y Agus, me fuí corriendo hasta la panadería (solo eran unos metros) donde había reservado la torta para Agus al día siguiente. No me sentía cómoda sabiendo que dejaba clavada a la dueña de la boulangerie con una torta con un mensaje en español. Soy cualquier cosa menos garca.


Agus llegó prácticamente al mismo tiempo que Esteban, nos subimos rápido y partimos.


Lo que no sabíamos, es que el camino de Gap a Niza era 100% de montaña. Literal, hay que cruzar los Alpes. Ya era de noche. No se si alguna vez se subieron a una casa rodante pero les puedo asegurar que no son bichos chiquitos, son realmente enormes. Tampoco se si alguna vez anduvieron por caminos de montaña, pero la combinación camino de montaña, precipicio, camper van y noche cerrada, NO ESTÁ PARA NADA BUENO.


A medida que nos íbamos adentrando en el camino, éste se hacía más y más peligroso. Me acuerdo de mandarle a mi suegra nuestra ubicación en tiempo real (sin mucho sentido porque rápidamente perdimos señal). Yo pensaba: si nos caemos al precipicio, nadie va a saber donde estamos! Claro está que no le dije la verdadera razón a Lucy, sino que le dije que le pasaba ubicación para mostrarle por donde estábamos! Sino creo que se infartaba. 


A medida que avanzábamos y nos adentrábamos en la montaña, el dolor de Sofi aumentaba directamente proporcionalmente a mi miedo. Era muy muy muy peligroso el camino. No se veía nada. Era todo curva y contra curva. 

Pasada media hora, nos cruzamos con un auto (que tuvo que dar marcha atrás unos cuantos metros para dejarnos pasar). Les preguntamos que tal el camino hasta Niza. Su respuesta fue: están locos si siguen, es todo así y peor el camino. Nos miramos con Esteban y decidimos dar la vuelta. “Menos mal” que  estábamos en un lugar de la ruta donde había una especie de mini banquina donde poder dar la vuelta. La única banquina que nos habíamos cruzado en todo el camino.


Fue en ese momento en el que decidimos abandonar el plan de ir a Niza y dirigirnos al hospital de Gap. No sabíamos cómo llegaría Sofi a Niza después de 4 horas de autopista (el camino via Gap es una hora más largo y el doble de kilómetros). Llamé a las urgencias del hospital para avisar que estábamos en camino. Menos mal que hicimos eso. Hoy, con el diario del lunes sabemos que cada hora que ganamos fue crucial.


Llegamos después de una hora y veinte. Dimos varias vueltas y no encontrábamos la entrada a las urgencias. Decidí bajarme en una entrada donde había una flecha que indicaba las urgencias, sin saber que había que caminar cerca 400 metros. No había silla de ruedas. Era un callejón oscuro que atravesaba por abajo del hospital. Sofi no podía caminar ni saltar en un pié porque cada salto le hacía peor.

Me acuerdo sacar fuerzas de mi interior y levantar a mi hija que mide más que yo y pesa prácticamente lo mismo. Creo que fue la adrenalina que me dio la fuerza, hoy no se si podría volverlo a hacer.

Caminé con ella a upa unos 200 metros cuando, de la nada, realmente de la nada, aparece un señor que venía cargado con un par de bolsas con compras de supermercado y un fuerte aliento a alcohol. Me ofreció su ayuda a lo que le respondí: me encantaría, gracias, pero no se me ocurre cómo. Me tendió su mano, se la dí y juntos le hicimos sillita a Sofi hasta llegar a las urgencias. Ese hombre fue otro ángel en nuestro camino y se merece el cielo entero. Si supiera lo que fue para nosotros ese gesto. Si supiera la enorme ayuda que nos dió. Le deseo toda la felicidad del mundo.


Llegamos a las urgencias, Sofi se sentó mientras yo hacía el papeleo. Me indican el camino a pediatría como si fuera algo sencillo. Dimos MIL vueltas hasta llegar a destino. Nos perdimos adentro del hospital. Todo estaba oscuro, no había nadie en los pasillos. 

Finalmente encontramos el ala de pediatría. Nos ubicaron en un cuarto muy bonito y nos pidieron que esperemos. Pasan 10, 12, 15 minutos y al no haber noticias, voy hacia el cuarto de enfermeras. Pregunto por la médica a lo que me responden: no hay médica durante la noche, llega mañana a la mañana. Descansen que mañana las ve la medica. CREÍ MORIR. Como que no hay médica? 

Mi hija necesita antibióticos urgente! -Buscame un médico ya! 

Terminamos bajando de nuevo a las urgencias por donde habíamos entrado donde SI habia médicos. Mientras estábamos ahí, el dolor de Sofi seguía en aumento. Realmente ya no podía más. Le inyectaban morfina y era lo mismo que la nada misma. Era tal el dolor que nada lograba calmarla. A todo esto, en un principio intentaban calmar el dolor con paracetamol. Manga de ineptos. Les deseo ese mismo dolor en el pito y que se lo traten con paracetamol.


Me acuerdo llamar a Mery, mi prima, y pedirle que se quede conmigo en videollamada y me ayude a darle instrucciones a los médicos. “Menos mal” que hice eso. 

Cuando Mery vio el panorama, me acuerdo que lo que me dijo fue: “prima pedí el traslado ya mismo”. Se lo pedí al médico, y su respuesta, con una sonrisita que me generaba ganas de bajarle uno a uno los dientes, fue: “eso no va a pasar, la seguridad social no te va a trasladar nunca”, acá tenemos todo para tratar a tu hija. 

Luego de eso, tuve un par de encontronazos con los médicos. Yo les hablaba y me ignoraban. No tengo dudas que me veían como a una loca exagerada. “Menos mal” que mi prima me guió y me apuró para que le pongan el antibiótico y le hicieran un análisis de sangre. Nadie parecía darse cuenta de la gravedad del asunto.

Le pusieron los antibióticos intravensos y nos subieron a pediatría. 

Fue una noche difícil: Sofi pasó una noche dura, con mucho dolor mientras Agus empezaba sus 14 años durmiendo en el estacionamiento del hospital junto a su papá y su hermano. 

Les cuento la perlita de la noche? Pampa, en algún momento se ve que le pareció un buen plan comerse un kilo de piedras. Si, piedras. Cuestión que vomitó nose cuantas veces. Imaginen a Esteban con su 1,83 mts limpiando vómitos de la perra a 4 patas la noche que su hija estaba internada. Divino todo.


A la mañana siguiente, antes que viniera la médica, Esteban y los chicos entraron al hospital. Con la bella noticia que por COVID, solo podía haber un padre y por supuesto no hermanos. Agus pasó solo en el pasillo del hospital gran parte de su cumpleaños mientras Esteban y yo peleábamos con médicos, seguros y demás para que nos trasladen a Niza.


Nunca dejamos de estar en contacto con Agustin, el primo de Esteban que nos dijo: Andate de ahí. Como sea. Esta gente no tiene un plan para Sofi y no parecen darse cuenta de la gravedad. La PCR, (índice que indica el nivel de inflamación) estaba alto pero no altísimo, pero la clínica de Sofi no era nada buena. El pie había empeorado durante la noche, incluso con los antibióticos. 


“Menos mal” que logramos que desde el hospital de Niza llamaran al de Gap. Al ser un hospital universitario y el mejor de la región, tienen la última decisión y dijeron que ellos querían hacerse cargo de la situación. 

Lograron que desde el hospital de Gap consiguieran una ambulancia y partimos todos hacia Niza. Esteban y los chicos en la camper van y Sofi y yo en ambulancia. Sabíamos que el trayecto en ambulancia sería dificil puesto que  cada mínimo movimbiento para Sofi era un verdadero calvario. Minutos antes de salir, le dieron un shot de morfina para las primeras horas del viaje.

Lo que no tuvieron en cuenta fue la fiebre: Para cuando ibamos por la mitad del camino, Sofi levantó 39,5 de fiebre (gracias a  Dios yo tenía mi termómetro conmigo!). Los ambulancistas no tienen derecho a dar medicamentos, y tampoco tenían. “Por suerte” y de pura casualidad, yo tenia conmigo el botiquín con el que viajo siempre. Le di paracetamol y pedí a los ambulancistas que pongan el aire al máximo para combatir la fiebre. La ambulancia se convirtió en un freezer y pudimos controlar la fiebre y que no siguiera subiendo. Lo único que faltaba era que Sofi convulsionara por la temperatura!


Llegamos al hospital de Niza, nos estaban esperando en urgencias. Esteban dejó a Agus solo en casa y se vino con Isi. Hicimos el relevo fuera del hospital puesto que en las urgencias solo se acepta un acompañante. Antes de despedirme de Sofi, le dan un antidolor. Me despido y me voy. En el interín entre que yo salgo y Esteban entra, se tenía que quedar “sola” con las enfermeras. Eran solo 5 minutos. En ese interín, empieza a hacer una reacción al medicamento. Nauseas, dolor en el pecho y veia mal y estuvo  a punto de desmayarse. Por suerte Sofi tenía su teléfono y llamó a Esteban que fue corriendo con ella. En su carpeta médica quedó el registro que no toleraba ese medicamento y que no había que dárselo.


Ahi mismo en las Urgencias le hicieron un hisopado a Esteban (a Sofi ya le habian hecho en Gap) y una vez que tuvieron el resultado negativo, los subieron a la habitación. Yo me volví a casa a descansar puesto que hacía dos noches que no dormía.


La primera noche (Sábado) fue bastante tranquila. Creimos que ell antibiótico (uno diferente al que le habian puesto en Gap) estaba haciendo efecto. Las primeras horas del día tambien fueron tranquilas, el dolor estaba “controlado” y al igual que la fiebre. A medida que el día iba avanzando, Sofi volvía a empeorar. Para ese entonces, le habían sacado uno de los dos antibióticos que le empezaron a dar la noche anterior puesto que la molécula era la misma, y no tenía sentido darle los dos. 


Para las 3 de la tarde del domingo llegaron mis santos cuñados desde Barcelona para darnos una mano. Ser expatriado tiene muchas desventajas, estas es una de ellas. Cuando hay emergencias médicas es cuando uno más solo se siente y más ayuda necesita. Esta es la primera vez que nos pasa de tener ayuda ante una situación de esta Indole. Siemrpe nos tocó apañárnosla solos y les puedo asegurar que el tener a quien nos cuide a los chicos durante este horror fue una bendicion. No se como hubiéramos hecho.


Llegaron Nacho y Mili, los saludé, charlamos un ratito y partí en dirección al hospital. Me apersono en el hospital, completamente convencida que me harían un PCR y podría entrar a quedarme con Sofi y hacer el relevo con Esteban. Pues no mi ciela. Resultó ser que solo testean a un solo padre, y que el otro se tiene que testear por su lado. Nadie entra a esta ala del hospital sin PCR Covid negativo. No antígenos. Y la vacuna no sirve de nada en estos casos.

Salí corriendo a buscar donde hacerme un test. El unico lugar abierto un domingo era el aeropuerto de Niza. Hacia allá fui. Al llegar, me encontré con la grata sorpresa que habia para 4 horas de cola para que te testeen y que los resultados no estaban antes de las 24 horas. FUCK. Me fui a mi casa decidida a testeaeme al día siguiente a las 6.30 am cuando abrieran los laboratorios privados. Para el mediodía ya tendría el resultado y podría ver a Sofi. Me auto doy ternura de lo ILUSA que fui.


Llegué a casa, estuve un rato con los chicos y como me tocaba madrugar, para las 9 de la noche ya estaba profundamente dormida. Antes de acostarme, a eso de las 20.20hs hablé con Esteban, me contó que Sofi estaba más o menos pero que no me preocupara, que  seguro pasaría una buena noche como la de anoche. Estaba tan cansada que antes de dormirme me olvidé de sacar la lunita del teléfono, es decir, mi teléfono se puso en modo "no molestar". Es decir, no me iba a sonar si me llamaban.

Mientras yo dormía, pasaron cosas. 

Sofi empeoraba por minuto, Esteban explotó e insistió con para que le adelantaran análisis de sangre. El análisis dio super mal, llamaron al cirujano para comunicarle los resultados. 15 minutos después, el cirujano entraba al hospital para operar a Sofi.


La operación fue a las 23.45hs. Cerca de las 23.30hs, milagrosamente me desperté para ir al baño, y en el mismo momento en el que voy a agarrar el teléfono para ver la hora se prende la pantalla anunciando la llamada de Esteban. Miedo. Susto. Terror. 

Me cuenta que Sofi estaba por partir al quirófano y que quería hablar conmigo antes. Hablamos un ratito, se fue tranquila. Corto la llamada, me visto y salgo corriendo al hospital. Mientras operaban a Sofi logramos que me hagan un PCR como excepcion. Los resultados estarían a las 7am. 

Me quedé con Esteban en el Lobby del hospital mientras operaban a nuestra hija. Cuando baja el cirujano a contarnos sobre la operacion, nos dice que todo habia salido bien, que tenía fascitis necrosica lo cual es extremadamente raro en niños, y nos dice que era probable que haya que volverla a operar en las horas siguientes puesto que esto por lo general vuelve repetidas veces. 

Las próximas 24 horas eran críticas y super importantes. 

Nos abrazamos, lloramos y Esteban vuelve arriba a esperar a Sofi en la habitación.

Yo me tiré a dormir en el pasillo. Cuenta Esteban que Sofi pasó una noche horrible. La peor de todas. Muy doloroso. La morfina no hacia efecto alguno.


A las 7.30 del lunes estuvo mi PCR negativo y pude subir.

Nos quedamos juntos todo el día y esa noche Esteban se fue a casa. Sofi seguía muy dolorida y con la hermosa noticia que le hizo reacción alergica a uno de los nuevos antibioticos. Vuelta a cambiar de medicamento y a esperar que este no le diera alergia.

Juro que pasé toda esa noche visualizando a mi hija volver a casa, feliz, sonriente, con un rodete bien alto, su pijama celeste y sus dos pies. La imaginaba envuelta en luz. Porque ella es luz.


A partir de ese día, todo fue mejor. Los primeros 5 días fueron 100% en la cama, tanto para bañarla, lavarle el pelo, hacer pipi, comer, etc. Me acuerdo que una de las noches Sofi me dijo: Como voy a disfrutar a partir de ahora cosas chiquitas como bañarme sola, comer sola, dormir en mi cama, vestirme linda, jugar al basket y esas cosas chiquitas de todos los días.

Hablemos de sabiduría.


Durante los días que siguieron fue haciendo avances chiquitos día a día hasta llegar al alta y volver sana y salva a casa.

Miren la felicidad de Sofi al salir del ala de cirugia del hospital!

Semanas después, durante una de las revisiones post operatoria, el medico nos dijo que estima que si hubiéramos tardado 12 horas más en atacar el asunto, el desenlace hubiera sido el peor.

12 horas. La nada misma.

12 horas que sin todos los ángeles que se nos cruzaron en el camino y nos guiaron, no las hubiéramos conseguido.


12 horas que hubiéramos perdido si...

Si no reaccionábamos rápido nosotros, los padres.

Si el primo de Esteban no nos hubiera guiado segundo a segundo.

Si el médico del pueblo no nos hubiera hecho el buen diagnóstico.

Si no hubiéramos dado la vuelta a mitad de camino.

Si el señor que apareció de la nada no me hubiera ayudado a cargar a Sofi.

Si no me hubiera puesto como loca y exigir un médico la primera noche.

Si mi prima no me hubiera acompañado esa primera noche por video llamada y visto en vivo el panorama.

Si no hubiéramos insistido y conseguido el traslado a Niza.

Si Esteban no hubiera luchado por un nuevo análisis de sangre.

Si el cirujano de guardia hubiera estado en otra operación.


Tuvimos muchisisisisima suerte. Mucha. 


Y más allá de la suerte, tuvimos una hija increíblemente fuerte, valiente, determinada y resistente que aguantó y soportó toda esta experiencia de manera admirable. 

Nunca me voy a olvidar su fortaleza. Nunca jamás en la vida me voy a olvidar su valentía.



- F I N-


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